Para Karen Alejandra Doy vueltas en la cama, y no atino mujer sacrosanta a encontrar ese calor divino que en las noches me falta. Ante ti, tengo el corazón hincado, y el alma, en plácido reposo. Y como buen enamorado, voy del sufrimiento al gozo. Eres tú la estrella y el abrigo, la góndola y la llama; el ángel tierno por quien vivo. Eres la luz que se derrama. Sólo a tu lado mujer el azar adquiere la figura del destino. ¿Qué más puede ser (estar contigo) que un mandamiento divino? Por Pedro J. Juaréz